Retrato del 1% de la población que controla el mundo con su riqueza

Marbella/Málaga/10-04-2021: Puerto Banús en la localidad malagueña de Marbella. FOTO: PACO PUENTES/EL PAIS

Millonarios que viven de rentas, no aparecen en las estadísticas públicas, invierten a largo plazo y son muy difíciles de rastrear

¿Cómo fotografiar lo que no quiere dejarse retratar? Ese 1% que controla gran parte de los 418,3 billones de dólares (unos 370 billones de euros) de la riqueza del planeta. Hace falta más de un millón en activos para entrar en el club. ¿Cómo son? Además de los Zuckerberg, Bezos, Gates, Musk, Soros, Ellison o Buffet que aparecen en los medios de comunicación, inaugurando empresas, volando a las estrellas o expiando sus culpas frente al Congreso de Estados Unidos. “Ese 1% que busca es invisible”, advierte David Murillo, profesor de Sociedad, Política y Sostenibilidad de Esade. “No figura en las estadísticas públicas. Tiene la capacidad de diversificar sus ingresos y resulta muy difícil de rastrear”.

Sabemos que el ecosistema en el que viven son inimaginables cantidades de dinero. En 2020, en plena pandemia, un informe de Credit Suisse reveló que la riqueza aumentó en 12,4 billones de dólares en Norteamérica y unos 9,2 billones en Europa. Estas dos geografías suman por sí solas un crecimiento del 19,8% del patrimonio. El año de la irrupción de la crisis sanitaria, la riqueza individual por adulto alcanzó el récord histórico de 79.952 dólares (70.500 euros). “Además, un porcentaje más pequeño, un 0,01%, tiene la capacidad de vivir a crédito”, apunta Murillo. Contra sus propios activos. “Y poseen ingresos en distintas localizaciones”. “Su principal preocupación es cómo traspasar su patrimonio a sus hijos; nunca cómo repartir el dinero a la sociedad”, apunta el director de un family office que pide el anonimato.

Esta es la realidad. Lo demás son palabras que se desvanecen. “Este 1%, o incluso ese 0,1%, invierte a largo plazo pensando en las siguientes generaciones”, relata Roberto Scholtes, director de Estrategia de UBS España. “Su táctica son activos no cotizados, capital riesgo e inmobiliario”, agrega. “Todos los alemanes ricos poseen una casa en Mallorca”, según el directivo del family office. Un ejemplo es la familia de Karl y Theo Albrecht, fundadores (ya fallecidos) de la cadena de alimentación Aldi. Son la sexta fortuna de Alemania, con 16.000 millones de euros. También están los Kühne (8.000 millones), los Knauf (6.000), los Deichmann (4.400 millones) o los Schörghuber (4.300). Las cifras son estimadas y enormes.

España contabiliza su particular 1%. La revista Forbes desgrana que los 100 españoles más ricos han aumentado su patrimonio en 20.620 millones de euros el año pasado. Si se repartiera bien ayudaría a una sociedad igualitaria, si se reparte mal —como hasta ahora— aumenta la inequidad. En 2000 había, según Credit Suisse, un 0,5% de millonarios, en 2020 ya era el 3%. El primero de la lista es el de siempre, Amancio Ortega, protegido por 62.000 millones de euros. Pero rebuscando en el ranking se intuye cómo miran otros cuando miran el dinero. “Manuel Lao (1.300 millones)” —­expropietario del grupo de juego Cirsa— “quiere cosas muy sencillas y fáciles de manejar, como los fondos de inversión. Sin complicaciones”, relata el family office. Por ejemplo, a través de su holding Nortia Capital ha creado el fondo Tretimero 21 para invertir en private equity, adquirió al fondo KKH el edificio de paseo de Gràcia, 109 (Barcelona), tiene una megafinca, El Molinillo, con 4.000 hectáreas, en Retuerta del Bullaque (Ciudad Real), explota los casinos flotantes en el Río de la Plata de Argentina y colecciona arte como Juan Abelló (presidente de honor de Torreal) o la familia asturiana Masaveu.

Lo normal es que habiten en su particular silencio al hablar del futuro de su dinero. Martín Varsavsky —un empresario empeñado en transmitir una imagen de compromiso social— contesta por correo electrónico con cuatro palabras: “No voy a participar”.

Mientras, los millonarios sudamericanos que llegan, sobre todo a Madrid, buscan estabilidad política (“tienen un enorme miedo al populismo”, cuentan en el family office), ladrillo y seguridad personal. “En private equity”, detallan en el mercado, “hay un bum de captación de fondos entre grandes fortunas. La renta fija no da nada y la variable muchos sustos”. Por eso algunos pisan tierra firme. Los Luksic (la principal fortuna chilena) tienen bienes raíces en España. Les interesa el rico municipio de Pozuelo (Madrid). “Además, casi todos los promotores de mediano tamaño montaron sus fundaciones en el pico de la anterior burbuja del ladrillo. Esa estrenada honorabilidad ayuda para pedir permisos o edificar. ¡El nuevo marketing del siglo XXI disfrazado de responsabilidad social corporativa!”, exclama el financiero. También han invertido en renovables, “¿pero realmente les preocupa mucho el futuro de nuestro planeta verde?”, se cuestiona.

fuente: Miguel Ángel García Vega – elpais.com

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