El valor de las expectativas

Como suele suceder, casi siempre, los partidos políticos, analistas, periodistas y demás yerbas, hicieron análisis sobre lo que sucedió en las elecciones del 14 de noviembre. Y como suele suceder también, todos los análisis parten de la subjetividad de quien los realiza.

Y en mi caso no será la excepción: parto de una mirada propia (no única ni “verdad absoluta”) sino tan sólo algunas ideas y dudas sueltas.

Siempre sostengo que las elecciones no deben servir para enojarse cuando perdés sino para entender los motivos por los cuáles perdiste. Las elecciones del 14 de noviembre, por lo menos para mí, me marcaron otra realidad: tampoco deben servir sólo para festejar cuando ganás, sino también para entender por qué ganaste.

Pero en todo este análisis, precario por cierto, hay algo que debo destacar: el valor de las expectativas en los festejos y en las derrotas. Porque uno cuando hace algo se fija metas de máxima y de mínima, y el resultado final te marca cuanto te acercaste a esas metas o cuán lejos quedaste.

Como es costumbre suelo explicarlo con situaciones futboleras. Soy, la mayoría lo sabe, hincha enfermo de Talleres. No estaba dentro de mis expectativas salir campeón cuando comenzó el campeonato. Sin embargo el paso de las fechas nos llevó a estar punteros durante varias semanas y la ilusión, aunque no lo quería, se hizo grande. Cuando perdimos con River, y ahí el campeonato aunque faltaban muchas fechas, no puedo decir que estaba contento. Era una desazón muy grande. Aunque mis expectativas reales eran que entráramos a la Copa Libertadores, meta que todavía estamos cumpliendo.

Algo así, me parece, le paso a Juntos por el Cambio. Cuando se lanzó el proceso electoral ni de casualidad esperaban ganar por 8 puntos las elecciones nacionales. Pero después de las PASO se creyeron que ganaban las elecciones por un margen mucho mayor, sobre todo en la Provincia de Buenos Aires.

Si antes de las PASO les ofrecían firmar un contrato a que ganaban las elecciones por 8 puntos, firmaban sin dudar. Si además de eso les decían que ganaban en La Pampa, San Luis, Santa Cruz y otras provincias esquivas, le hubieran sacado la mayoría propia en el Senado al peronismo, y hubieran casi empatado en número de Diputados, hubieran saltado de la alegría.

Como si a mí antes de empezar el campeonato me decían que terminamos entre los 5, 6 primeros y entramos en la Libertadores.

Pero las expectativas cambiaron: la sensación era que arrasaban después de las PASO. Tal vez por eso el enorme esfuerzo en asegurar en cuanto micrófono se cruzaba, los “logros logrados”, en lenguaje de Mauricio. Porque la sensación era que habían ganado, pero…

Por el contrario con el peronismo pasó algo distinto: esperaban una paliza histórica, mucho peor. Pero lograron una remontada importante en Buenos Aires, revirtieron en algunas provincias, y – dentro de todo – quedaron en pie. Golpeados pero en pie.

Siguiendo con la analogía futbolera es como el equipo grande que cuando empieza el campeonato espera sólo sumar puntos para evitar el descenso, y de golpe se encuentra que está peleando para entrar en la Copa Sudamericana. Sin dudas que cualquier hincha de ese equipo, pese a perder partidos importantes, hará un balance que no es tan malo.

Por supuesto que los simpatizantes de Juntos por el Cambio dirán “Loco, ganamos”, pero también es indudable que los del Frente de Todos dirán: “No fue tan malo”.

Para la anécdota queda lo de Alberto de “Festejar el Triunfo”, producto más del desahogo que de la realidad. Una tontera que sirve – a mí también – para reírnos de la huevada que dijo, pero intrascendente en sí misma.

El tema entonces es empezar a ver los motivos por los cuáles se ganó o se perdió.

Creo, es una opinión, que en realidad no ganó Juntos por el Cambio. Es decir… no ganó por virtudes propias sino por errores ajenos.

No alcanzo a ver ninguna virtud propia de Juntos por el Cambio, más allá de las internas que realizaron, que signifique que la porción de la población que oscila entre uno u otro partido haya elegido a Juntos por el Cambio si no era para castigar al gobierno. Si creen que ganaron por sus bondades, me parece que le errarán.

Por otro lado el gobierno imputa la pérdida de las elecciones a la pandemia, objetivamente real, y no asume que la gestión de esa pandemia (equivocada o no) fue resistida por gran parte de la población.

Pero dejando de lado la situación de la pandemia, me da la impresión que se cometieron errores groseros y que gran parte de la sociedad no sabe – no entiende dirán algunos – qué es lo que pretende el gobierno de Alberto.

Las contradicciones, las idas y vueltas en las decisiones, la falta de un liderazgo claro, la ausencia de un plan qué seguir, la improvisación permanente, la falta de respuestas a sectores de la sociedad que reclamaban sin ser escuchados, los ejemplos de doble moral (vacunatorios y cumples incluidos), los mensajes contradictorios entre los funcionarios, y el ninguneo permanente a quienes planteaban diferencias, hicieron el resto.

En el 2017, cuando ganó Cambiemos y todos vaticinaban un triunfo inobjetable en el 2019, escribí varias notas planteando que 2 años en Argentina eran como 5 siglos en Suiza. Aquí la realidad cambia semana a semana, y que era prematuro “vaticinar” lo que sucedería en 2019.

Sigo pensando lo mismo. Nadie en su sano juicio, que viva en Argentina, puede seriamente decir lo que sucederá en el 2023.

Por varias razones.

La fundamental es que el voto está indisolublemente ligado a la realidad o percepción económica que se tiene.

Alfonsín en medio del Plan Primavera hizo una excelente elección en el 1987. En el 1989 debió abandonar el poder unos meses antes.

Menem logró ser reelecto en 1995 cuando gran parte de los argentinos (incluidos dirigentes que hoy reniegan de esa época) se creían del primer mundo, pese a los numerosos estudios que alertaban sobre la inviabilidad a largo plazo del Plan de Convertibilidad. En 1999 le gana al peronismo una Alianza conformada sólo para ganarle al peronismo.

Durante la “Década Ganada” la situación económica sin dudas mejoró hasta el año 2011 lo que permitió que Cristina ganara con el 54% de los votos su reelección, relegando a la casi nada a la oposición.

Pero del año 2011 al 2015 todos los indicadores económicos empeoraron, y allí ganó Macri, que logró algunas cosas hasta el 2017 con lo cual ganó las elecciones de ese año, pero la situación económica desbarrancó y perdió en el 2019.

Antes de seguir una aclaración: cada ciclo de crecimiento tiene su explicación y cada ciclo de declive la suya. Lo que marco es que una parte importante del voto está ligado a la situación económica del momento.

El peronismo tiene un voto “duro” alto, lo que le permite enfrentar cada proceso eleccionario con expectativas fundadas.

Juntos por El Cambio también tiene un voto duro importante aunque algo menos que el peronismo.

Ninguno de los dos gana sin esa inmensa cantidad de gente no “ideologizada” que elige en cada elección de acuerdo a su percepción del momento.

El creer que se tiene ese voto como cautivo es el principal error de los partidos que ejercen el poder. Precisamente porque es gente no responde a mandatos partidarios, “proyectos ideológicos” (entre comillas porque, por lo menos para mí, dichos proyectos no son muy claros, más allá de algunas consignas marketineras de todos los partidos), ni tan solo a las necesidades inmediatas.

Otro motivo por el cual es difícil – casi imposible diría – vaticinar lo que pasará en el 2023, es el título de esta larga nota (que no sé si alguien leerá un mundo de 140 caracteres como máximo) ya que las expectativas es lo que nos permiten alejarnos del presente y pensar en el futuro. Y las expectativas pueden ser malas o buenas.

Y esas expectativas son las que nos dan esperanza o desesperanza.

Y la esperanza y su contrario, la desesperanza, son sentimientos que, en muchos casos, están alejados de la realidad. Es la perspectiva que cada uno “siente” sobre lo que pasará en el futuro.

Uno puede intentar racionalizarla, pensarla, argumentarla, pero en el fondo sigue siendo un acto de fe.

¿Quién podrá encender esa fe en el 2023?

¿Quién hará lo suficiente para que todos pierdan la fe en él?

Mientras tanto será divertido.

Por lo menos para mí, que mi nivel de expectativas es muy bajo, salvo alguna ilusión provisoria que me da Talleres…

Juan Carlos Magliano

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