La Fundación CAPA ofrece contención y rehabilitación a jóvenes con problemas de adicciones

La historia de “J” es similar a la de cientos, o miles, de jóvenes en Misiones. Un padre con adicción al alcohol, un inicio temprano en el alcohol, el cigarrillo y la marihuana, y el lento pero constante descenso hacia lo que él llama “la oscuridad”.

“J” tiene 22 años, nació en Puerto Rico y desde hace tres meses se encuentra en rehabilitación en la Fundación CAPA de Eldorado.

“Todo comenzó a los 13 años, cuenta, faltábamos alco9legio con otros chicos y ahí empecé a tomar. Al poco tiempo también comencé a fumar. Me ofrecieron un cigarrillo y así empecé. Llegué a fumar 2 etiquetas diarias. Con la marihuana también fue más o menos a esa edad, me ofrecieron y me decían «Dale, uno no te va a hacer nada», pero no fue así”.

Como sucede en muchísimos casos la adicción lleva a realizar acciones que en otras circunstancias no se harían.

“De apoco, continúa relatando, fui consumiendo cada vez más, le robaba dinero a mi madre para poder comprar. Mi madre intentaba ayudarme, pero yo no me dejaba ayudar, o tal vez ella no sabía cómo, y las cosas se hicieron insostenibles. Entonces mi madre pidió mi exclusión del hogar, y yo ni siquiera podía acercarme a mis hermanos”.

“J” tiene 3 hermanos, todos menores que él, una hermana de 15 años, y dos hermanos mellizos más chicos.

“Cuando me echaron de casa quedé en situación de calle, dormía en una obra en construcción, y me escondía todo el día porque me daba vergüenza que me vieran en esa situación. Hasta que llegó un punto en que ya no pude más y fui a la casa de una tía a explicarle como estaba viviendo”.

La tía, llamada Marilina, tuvo un papel clave en el proceso de recuperación de “J”.

“Ella me recibió, me cuidó en su casa unos días y en un momento me preguntó si de verdad quería salir de esa situación. Yo le dije que sí, pero lo que esperaba es que ella me consiguiera un trabajo, o algo así. Pero no, me llevó a hablar con una amiga, Ana María, que conocía el trabajo del Centro CAPA, y así fue que me acerqué, hace ya tres meses”.

La Fundación CAPA (Centro de Atención y Prevención de Adicciones) funciona como fundación desde hace aproximadamente un año y medio en Eldorado, pero viene realizando relevamientos de adicciones en la ciudad desde mucho tiempo antes.

Rubén Darío Gayoso, su máximo responsable, es de nacionalidad paraguaya y como él mismo cuenta “Nací en Paraguay, me arruiné en Buenos Aires y me recuperé en Misiones”.

“La idea de la fundación la teníamos desde hace varios años, pero recién hace un año y medio la pudimos realizar. Siempre tuve esa intención porque, como ex adicto, veía con preocupación lo que estaba pasando en Misiones, y, como siempre digo, esta película ya la vi. Ya la vi hace 20 años en Buenos Aires. Vi el crecimiento de las adicciones, el inicio en los estupefacientes a cada vez edad más temprana, y para mí es una guerra que hay que pelearla”, explica.
La cantidad de jóvenes internados varía pero en algún momento llegó a albergar 14 jóvenes.

“Cuando comenzamos con la fundación alquilamos un local en el km. 8 donde se alojaron los primeros chicos instalamos una carpintería con maquinaria donada, para generar algún ingreso para solventar todos los gastos. Pero además del ingreso el trabajo hace que los chicos tomen responsabilidad, aprendan un oficio, aprenden a tener respeto por los otros, es decir la carpintería por ahí es lo que se ve, pero lo importante es lo otro, es el trabajo con los chicos. Cuando comenzamos a crecer alquilamos una casa en el km. 2 donde también hay chicos alojados y trabajan en una chacra que hay allí”, cuenta Gayoso.

La Fundación, más allá de estar orientada al problema de los estupefacientes, también atiende otro tipo de adicciones.

“En este año y medio ya tuvimos aproximadamente 400 entrevistas a personas con algún tipo de adicción. No sólo de drogas, también alcoholismo, ludopatía, y tras adicciones. Viene gente de Piray, de Montecarlo, de Esperanza, de Iguazú, de casi todo el norte de la provincia. Personas de todas las edades acuden. Los más jóvenes en general por problemas de estupefacientes, pero también muchas personas mayores por problemas de alcoholismo. Y de todas los sectores de la sociedad”.

“J” fue una de esas personas jóvenes que se acercaron y recuerda cuando ingresó “Yo estaba ciego, no me daba cuenta del daño que me hacía a mí y a mi familia. Sentía que no tenía salida. Cuando llegué a CAPA tuve la entrevista con Darío, y ahí reconocí que necesitaba ayuda, que quería cambiar mi vida, salir de esa oscuridad en la que estaba, y que me hizo perder todo lo que yo tenía, hasta mi familia”.

El joven, en proceso de recuperación, destaca los avances que está teniendo desde que está en CAPA “Tanto Darío como yo vemos los avances que he logrado en éste tiempo. Yo pensaba que nunca iba a poder arreglar la relación con mi madre, pero gracias a Dios mi madre vino un día a la Fundación y me pidió perdón. Y eso es lo más loco, porque yo siempre le pedía a Dios que me traiga a mi madre para poderle pedir yo. Yo era el que estaba haciendo mal las cosas. Yo era el culpable”.

Cuando se le pregunta a “J” como ve su futuro ahora después de haber pasado un período difícil donde el futuro no existía, responde “Todavía esa es una pregunta sin respuesta. No sé dónde me llevará Dios en mi vida. Me gusta mucho la música, pero lo que más quiero es ser un testimonio de que se puede salir de las drogas, de que se puede salir adelante a pesar de todas las dificultades que te puede presentar la vida”.

foto: Matías Bordón

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