Se seca el Lago Poopó de Bolivia y provoca un desastre ecológico

El segundo lago del país vecino, luego del Titicaca, ya sólo tiene un kilómetro cuadrado de superficie. Se perdieron 200 especies, murieron miles de peces, las aves migratorias cambiaron de ruta y los pobladores se fueron. Sucedió a la vista de todos.

Esta vez parece que no hay vuelta atrás: el inmenso Lago Poopó, el segundo de Bolivia, se está secando, desaparece. De los 2.337 kilómetros cuadrados que tenía hace 10 años, ahora sólo quedan tres parches húmedos que suman 1 kilómetro cuadrado de 30 centímetros de profundidad, en cifras redondas.

Este lago de agua salada en el Altiplano boliviano, a 3.700 metros de altura, se encuentra en una zona minera -dato no menor- dentro del departamento de Oruro.

El Lago Poopó es un lago alargado que recibe su caudal del río Desaguadero, que a su vez recibe sus aguas del Lago Titicaca, el mayor de Bolivia. No tiene salida al mar, tampoco un desagote importante y ni siquiera más de una profundidad media de 3 metros, pero aun en las épocas de sequía contaba con 1000 kilómetros cuadrados de espejo de agua garantizados.

Cada tanto llegaban las señalas de alarma por su escaso caudal. Una de los momentos más preocupantes se vivió en el año 2015, cuando el Poopó se evaporó tanto que todos temían que desapareciera, como está sucediendo con el Mar de Aral, en el desierto de Karakalpakistán (Uzbekistán), al que ya sólo le queda el 10 % de los 68.000 km2 que medía hace apenas setenta años.

¿Por qué se seca el Poopó?

A diferencia de los anteriores, este desastre ecológico parece terminal porque hiere el corazón de todo un ecosistema.

Una de las primeras causas que señalan los especialistas es la disminución del caudal de aguas que aporta el derretimiento de los glaciares andinos. Además de que en la zona llueve menos, el cambio climático evapora las aguas del Lago Poopó más de lo esperado.

Sin embargo, también hay una sobrexplotación de los recursos hídricos del lago, cuyo caudal se desvía a la explotación minera y a la agricultura, lo primero más imperdonable que lo segundo.

Estos dos motivos, sumados al exceso de urbanización son precisamente los tres motivos que los especialistas citan en el caso de la casi extinción del Mar de Aral mientras deciden cuándo poner su firma en el certificado de defunción.

Durante muchos años, las autoridades de Bolivia, señalaron al fenómeno de El Niño y el calentamiento global de los países industrializados como la principal causa de la sequía del Poopó.

Sin embargo, Oruro es un departamento minero y el uso excesivo o indebido de los recursos hídricos del lago por parte de la minera San José los llevó hasta donde están: el lago fue desapareciendo a la vista de todos y, además, se fue contaminando con metales pesados.

En los años 90, hubo un plan para restablecer el caudal histórico del río Desaguadero, pero las ventajas no fueron visibles en la cuenca del Poopó.

Hace seis años, el gobierno boliviano y el departamento de Oruro anunciaron el Plan Director de la Cuenca Poopó para la restauración del Lago Poopó. Invirtió 8 millones de bolivianos en la compra de maquinaria para evitar el desborde de agua por la sedimentación y dragar el río Desaguadero.

Sin embargo, sabe que es un trabajo a largo plazo que requerirá 111 millones de euros que buscarán con ayuda de la Unión Europea.

Qué se pierde al secarse el Poopó

Toda la cuenca del Lago Poopó había sido declarada en 2002 como un ecosistema de importancia internacional donde es agua es el principal factor que controla el ambiente, así como la vegetación y la fauna.

En 2002, el Lago Poopó fue designado como sitio de conservación en virtud de la Convención de Ramsar. Pero 20 años después, algunas especies de mamíferos ya abandonaron el área. También varias aves, como tres especies de flamencos que estaban en peligro de extinción.

Toda la cuenca salina era una posta de descanso para las aves migratorias que volaban hacia el sur y ahora se vieron obligadas a cambiar su ruta.

Numerosos reptiles y anfibios quedaron sin hábitat y alimento con la evidente transformación del lago en un desierto. Pero la peor parte se la llevaron los miles de peces que murieron por no poder migrar, igual que otros animales que murieron en el lugar.

En total, se cree que unas 200 especies de seres vivos, entre peces, mamíferos, reptiles, aves e incluso plantas desaparecieron de esta geografía andina a causa de la evaporación.

El desastre también tiene un costo humano en esta comarca 220 kilómetros al sur de La Paz. La pérdida del lago afecta drásticamente la vida de 350 familias que, sobre la árida meseta andina, sobreviven mayormente de la pesca lacustre. Ante la escasez de recursos deben irse para subsistir.

fuente: Mónica Martin – Perfil

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