La CEEL es una cuestión política

Como sucede casi todos los años, cada vez que se acerca el período de elecciones en la CEEL, varias personas me piden mi opinión al respecto.
Desde hace varios años les digo a todos lo mismo que es, básicamente, lo que escribí en el año 2018 después de las elecciones de ese año. Sólo es necesario cambiarle donde dice Aguirre por Martínez, y la situación sigue siendo la misma.
Lo escrito en el 2018
Ayer, con ganas de ver que respondían los amigos y contactos del face, escribí que no valía la pena enojarse por el resultado de las elecciones sino que había que tratar de entender el resultado.
Más allá de que lo escribí respecto a la CEEL es lo que sostengo respecto a cualquier elección, para poder cambiar algo siempre es mejor entender “ese algo” que enojarse. Si te enojás dejás de pensar, actuás emocionalmente, te dejás llevar por la bronca.
Gran parte de los que comentaron, o con los que me crucé en la calle y hablaron conmigo, me planteaban que “se venden todos por una garrafa” o algo similar. Es cierto – en parte – hay una gran parte de los socios que actúan de esa manera, pero creer que 6000 personas votan sólo eso es, creo, un error.
Otros plantean el aparato electoral que tienen. También es cierto: entre la municipalidad y los empleaos de la CEEL debe haber entre 400 y 500 empleados que trabajaron activamente para que ganara el acuerdo entre Romero y Aguirre. 500 tipos que militan – junto con familiares que llevan a votar – y tienen su problema económico más o menos solucionado.
Algunos me decían los tipos conocen todas las artimañas para ganar las elecciones. También es cierto: duplicación de acciones (poner un servicio como socio al hombre de la casa, otro a nombre de la mujer, y si tienen un hijo poner de socio al hijo; poderes de empresas bastante extrañas para que voten por poder alguno de los supuestos socios; etc.), pero… con todo eso sacan 6000 y poquito de votos sobre 28000 habilitados. 6000 es un montón, es cierto, pero 22000 son muchos más.
Creo, sólo creo, que el tema es entonces no los 6000 que los votan – más o menos los votos históricos – sino los 22000 restantes. Es decir por qué no votan esos otros 20000 (dos mil y pico votaron a las otras listas) que no fueron a votar.
En éste sentido me parece que hay un error de parte de todos, en el cuál, obviamente, ese todos me incluye: el creer que la CEEL es sólo una cuestión cooperativista y no política, sin comprender que el cooperativismo es una solución política a una realidad política.
El error parte – de nuevo creo – de esa idea que fue avanzando en los últimos tiempos donde se asimila la palabra “política” a la política partidaria.
Sin dudas que Aguirre (hoy Martínez) – Romero plantean las cosas desde el punto de vista político partidario: poner la municipalidad y la CEEL al servicio de una facción de la Renovación que busca la reelección de Aguirre el año que viene. No quedan dudas que se usarán recursos de la municipalidad y de la CEEL para lograrlo, y que el canal 4 – “El canal de todos” – será el ariete mediático de la campaña de Aguirre. (Añadido al escrito adicional: en el 2019 se rompió el acuerdo Aguirre – Romero, y Canal 4 y la CEEL volcaron todos sus recursos a favor de Fabio Martínez).
La respuesta de quienes siempre se presentaron como oposición fue hablar de la “independencia política” asimilando la idea de “Política – Antipolítica” cuando en realidad debería ser “Política Partidaria – Independencia Partidaria”.
Antes de seguir es necesario aclarar algo. Una cooperativa de servicios no tiene por destino cambiar el sistema social, hacer la revolución, voltear el sistema capitalista, apoyar el neoliberalismo, encuadrarse en el “campo nacional o popular”, apoyar la 4ª Internacional, ni promover el debate acerca de la sociedad que se pretende. Puede hacerlo – y de hecho no me niego a ese debate – pero su función es prestar (dentro de las condiciones reinantes que no dependen de ella) el mejor servicio al menos costo posible. La CEEL no fija las tarifas, no fija las reglas de juego de la economía, no decide por si misma las condiciones económicas en las cuales de sebe desenvolver: sólo puede decidir – con algún margen de maniobra – sobre las condiciones con las que presta el servicio y el precio que el socio debe pagar por ellos. Y eso, aunque a algunos no les guste, es política.
Aclarado eso, paso al siguiente punto: si la cuestión es política, reitero, no partidaria, la respuesta debe ser política.
¿Cómo hacer para que no se transforme una lista en política partidaria y poder ganar las elecciones?
En principio no renegar de los “políticos”. Es infantil pedirle a una persona identificada como político que apoye una lista pero no aparezca. Es imposible. Apenas lo vean allí identificarán a la lista con ese partido.
Entonces – creo – la solución es que los “políticos” de todos los partidos que se pongan de acuerdo en esa idea básica – prestar el mejor servicio al menor costo posible – se involucren en esa idea común y participen juntos. Si en una lista hay radicales, peronistas, del PAyS, PO, independientes, Renovadores, o de lo que sea, y sus dirigentes se muestran públicamente como referentes de esa lista, no hay forma de endilgarle a la lista alguna pertenencia partidaria. Podrán argumentar “sólo se juntan para ganarnos”… y sí… ¿Cuál es problema si los que están ahora son horribles?
Para lograrlo es necesario que lo entiendan todos y diferencien sus proyectos políticos provinciales o nacionales de lo que es una cuestión netamente de prestación de servicios.
Hay una “intelligentsia”, como decía Jauretche, que niega la posibilidad de encontrarse en pos de algo concreto. Sucede en todos los partidos: “¿Hay del PRO?… no participo”… “¿Cómo vas a trabajar con esa gente del PO?”… “Los de PAyS” son impresentables”… “No podés confiar en esos Renovadores”… etc., hacen casi imposible la unión. Dije casi imposible.
Hay una dificultad más. Los dirigentes políticos – con una candidez propia de los chicos que les ponen los zapatitos a los reyes magos – pugnan para que “su” sector o partido imponga sus candidatos. Lo hacen porque suponen – ingenuamente – que ellos y sólo ellos son los garantes del cambio. Y pelean como criaturas por ver quién se queda con la bolita más grande, mientras una topadora les arrasa el campo de bolitas para poner un shopping.
En principio, para poder ganar una elección, tenés que dar muestras de que sos una opción de poder: no convocás a la mayoría si no te ubicás como opción de poder. Mucho menos en una elección que no es obligatoria. No hay motivo por el cual la gente salga sola a votar (en el supuesto que eso alcanzara, que no lo creo) para votar algo que no representa una opción de poder real.
En segundo lugar se debe trabajar con tiempo, mucho más tiempo del que habitualmente se lo hace.
Como dije antes… es casi imposible. Casi dije. Depende de todos los que se oponen al esquema de saqueo existente en la CEEL.
Pero tal vez el ingenuo sea yo. Lo acepto.

Juan Carlos Magliano

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *