Tito, el auto eléctrico de San Luis que da un paso más hacia una industria no contaminante

Su fabricante, Coradir, duplicó la demanda en apenas un mes. El vehículo salió a comienzos de mayo, con un 20 % de descuento sobre el precio final de lista, de 15.000 dólares, y agotó su primera tanda. Es el tercer auto eléctrico hecho en la Argentina y es parte de la solución a un complejo problema global: la emisión de gases contaminantes

Una de las cosas que a Juan Manuel Baretto más le llama la atención cuando da una vuelta en un Tito —el nuevo auto eléctrico desarrollado en la provincia de San Luis— es el silencio. No hay ruido de motor, no hay ruido de caño de escape. Y entonces la fricción de los neumáticos contra el asfalto se escucha muy clara. “Ese es un sonido al que uno no le presta atención porque normalmente tenés otros ruidos que te lo tapan”, dice. “Este auto es supersilencioso”. Como auto eléctrico, Tito es parte de una solución compleja y global al problema, igual de complejo y de global, de las emisiones de gases contaminantes por parte de los vehículos urbanos.

Baretto es el presidente de Coradir, una compañía de San Luis que con Tito se convirtió en el tercer y más reciente fabricante de un auto eléctrico nacional (sus competidores, a los que Baretto prefiere llamar “colegas” porque sostiene que “acá lo importante es que la gente se pase al auto eléctrico y yo festejo las otras opciones si resultan soluciones eficientes”, son el Volt, producido en Córdoba, y el Sero Electric, del Parque Industrial Tecnológico Aeronáutico de Morón —Pitam— de Buenos Aires). Sin embargo, el auto eléctrico que pisa fuerte en la Argentina no es ninguno de esos, sino el Nissan LEAF, que es el más vendido del mundo desde que fue presentado en 2010. Cuesta 61.000 dólares.

Coradir entró en el negocio de los automóviles a principios de mayo de este año con una preventa, cuyo objetivo era comprobar si la gente estaba interesada en un vehículo eléctrico. “Nos sorprendió”, dice Baretto. La marca anunció 50 vehículos con un 20 % de descuento (1.185.000 pesos, con IVA incluido) sobre el precio final de lista, que es de 15.000 dólares, y terminó vendiendo 113 autos y atendiendo reclamos de clientes que querían el suyo cuanto antes. En junio hizo una segunda preventa con un descuento del 10 %, también de 50 vehículos, y terminó vendiendo unos 70 en 48 horas.

De las computadoras al citycar

Antes de encontrar su grial con Tito, Coradir era una empresa de productos electrónicos fundada en 1995 esencialmente como fábrica de computadoras. Hoy, en sus cuatro plantas —dos en San Luis, una en Buenos Aires y otra en Ushuaia— mantiene esa línea haciendo notebooks para el plan Juana Manso del Ministerio de Educación de la Nación; también hace decodificadores para la televisión digital (Coradir es el mayor fabricante del país) y lo que se llama “electrónica de consumo”: cámaras de fotos, microondas, botones de pánico, televisores, celulares, etcétera. Los fabrica para otras marcas.

Además de todo eso, Coradir produce baterías de litio, que son las que usan los coches eléctricos, y que no emiten dióxido de carbono. “Al principio diseñamos una plataforma en la que poníamos a disposición de los fabricantes de autos una solución de batería de litio, motor eléctrico y electrónica para que cualquiera pudiera hacer su vehículo eléctrico”, dice Baretto. “Pero no tuvo éxito comercial”. La pandemia congeló la expansión del proyecto, pero puertas adentro Baretto decidió continuar con el plan: “Y al final, terminamos haciendo un vehículo completo… aunque inicialmente no habíamos querido hacerlo”.

Tito es un citycar: un vehículo pequeño, como si fuera una especie de sueño de Greenpeace de un Fitito chino (el diseño de la carrocería del Tito es el del auto eléctrico Today Sunshine M1, fabricado en Taizhou), con una velocidad máxima de 65 kilómetros por hora y una autonomía de 100 kilómetros con una carga eléctrica de ocho horas a 220 voltios; o sea, lo enchufás a la pared como cualquier electrodoméstico. Tiene una pantalla led hd táctil de 10 pulgadas con reproductor multimedia, cámara de retroceso, radio, bluetooth, cierre centralizado, levantavidrios eléctrico, mando a distancia y capacidad para cuatro personas.

¿Por qué, pudiendo elegir un auto clásico a combustión, caro o barato, tanta gente pidió el Tito? “La conciencia actual que hay respecto del daño que los seres humanos le hacemos al planeta es muy importante”, explica Baretto. “Usualmente no nos preocupamos por nuestra huella de carbono o la contaminación, pero los coches eléctricos nos dan muchas ventajas: no queman combustibles fósiles y no le hacen respirar un aire contaminado al vecino que camina al lado. Además, nosotros trabajamos mucho el precio para que esté en el mismo rango que un cero kilómetro, y el ahorro mensual que te significa es muy importante. Es 90 % más barato que un auto a combustión. Pasás de gastar 10.000 pesos en nafta a 1.000 en electricidad. Por otro lado, todos queremos tener un Tesla, que es el coche eléctrico por excelencia en cuanto a prestaciones, pero el problema es que no hay muchos cargadores y adaptar el sistema eléctrico de tu casa te puede costar 20.000 dólares. Tito, en cambio, es compatible con la red eléctrica domiciliaria argentina: tiene un enchufe de tres patas planas y se carga en cualquier tomacorriente. Gasta menos energía que un caloventor”.

Baretto nombró a Tesla, la compañía de Elon Musk, que tiene por misión —según su sitio web— “acelerar la transición del mundo hacia la energía sostenible”. No solo fabrica vehículos completamente eléctricos, sino que también suministra productos de generación y almacenamiento de energía limpia y escalable.

Según su proclama, “Tesla cree que, cuanto antes deje de depender el mundo de los combustibles fósiles y se avance hacia un futuro de cero emisiones, mejor”. Los combustibles fósiles son un recurso natural no renovable y producen —según el CONICET— un alto impacto negativo sobre el ambiente. Su combustión genera emisiones de gases como dióxido de carbono, monóxido de carbono y otros que han contribuido y aún contribuyen a generar y potenciar el efecto invernadero, la lluvia ácida y la contaminación del aire, suelo y agua. Los efectos contaminantes no solo están vinculados a su combustión sino también al transporte (derrames de petróleo) y a los subproductos que originan (hidrocarburos y derivados tóxicos). Y la situación se agrava cuando se considera la creciente demanda de energía, bienes y servicios debido al incremento de la población mundial y a las pautas de consumo. Por eso, cualquier vehículo eléctrico hace una diferencia.

Las leyes de los países centrales contra la contaminación ambiental son cada vez más duras y los motores a combustión están en la mira. En muchos sitios de Europa se planea prohibirlos dentro de muy poco: 2025. Hacia 2016 había más de 2 millones de vehículos eléctricos —China, Japón, Estados Unidos y Europa eran los principales mercados—, pero todavía son solo el 0,2 % del mercado global. Su uso, hasta ahora, viene creciendo lentamente, pero podrían llegar a ser 70 millones en 2025, según el informe Global EV Outlook 2017, de la Agencia Internacional de Energía (AIE). La consultora Morgan Stanley, por su parte, señala que el 16 % de todos los autos del mundo serán eléctricos para 2030.

“El único sacrificio que hacés cuando manejás un Tito es que sacrificás la velocidad”, dice ahora Baretto. El primer vehículo vendido por Coradir fue comprado por su esposa. “El resto son todas buenas noticias: es súper fácil de manejar, es barato y el motor eléctrico tiene máxima potencia en todo momento, a diferencia del motor a combustión. El auto responde”.

fuente: Javier Sinay – Infobae

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