“Varoufakis y el poscapitalismo” Por Julián Reingold

Desde Grecia y en entrevista exclusiva con El Dipló, Yanis Varoufakis habla sobre su nuevo libro Another Now (Otro Ahora), en el que propone una salida por izquierda al capitalismo, cuya crisis volvió a quedar en evidencia con la pandemia. Además, reflexiona sobre la renegociación de la deuda externa argentina con el FMI, el ascenso de las derechas europeas y la postura de la Internacional Progresista ante las elecciones en Estados Unidos.

Durante la pandemia, Yanis Varoufakis trabaja en forma remota desde su residencia en la isla de Egina, apenas a una hora en barco del parlamento en Atenas. A pesar de haber asumido el año pasado como diputado por su nueva fuerza política MeRA25 –capítulo griego del movimiento paneuropeo Democracy in Europe 2025 (DiEM25) –, el enfant terrible de la heterodoxia económica encuentra tiempo para volcar sus ideas en forma de prosa y responder a las preguntas de la prensa latinoamericana vía Zoom.

Tu nuevo libro Another Now (1) podría leerse como una novela de ciencia ficción que intenta revelar si el socialismo democrático es la “alternativa” del capitalismo. ¿Cuál fue el momento en que la humanidad perdió la trama? ¿Todavía tenemos posibilidades en 2020? ¿Podrías explicar las nociones de corpo-sindicalismo y la nueva unidad de contabilidad digital que llamás Kosmos?

Cualquiera que critique el capitalismo desde una perspectiva social, como yo, tiene la obligación de hacer la pregunta “entonces, ¿cuál es la alternativa?, ¿cómo sería un socialismo liberal democrático?”. La respuesta tiene que girar en torno a dos mercados, porque en mi opinión no valdrá la pena vivir en el socialismo a menos que tengamos mercados. Necesitamos tener mercados, no se puede impedir que la gente negocie. Y de hecho, no sería una buena sociedad si dejáramos de cambiar, vos y yo, mi lapicera por un libro que querés darme a cambio de mi lapicera… Así que si va a tener mercados. ¿Qué va a hacerlo no capitalista? La respuesta es que dos mercados deben ser reemplazados por algo más: uno es el mercado laboral y el otro es el mercado monetario.

Lo que hace que el capitalismo sea “capitalismo” es el hecho de que algunas personas poseen los medios de producción –las empresas– y otras trabajan allí pero no las poseen: esa es una rareza fundamental del capitalismo, es un absurdo que los que hacen el trabajo no sean dueños de las empresas y los dueños de las empresas no hagan el trabajo (risas).

Para superar esto, es necesario tener una forma de organizar la producción sin mercados laborales. La segunda cosa, por supuesto, es el absurdo y obsceno mercado monetario; hoy, con la pandemia, existen mercados monetarios y financieros que negocian muy bien cuando el mundo entero está sufriendo. Entonces, la forma de superar esto no es la regulación, ya que el capital financiero siempre encontrará una forma de evitarla. La forma de superarlo es no tener mercados financieros, o al menos no tener bancos, no tener empresas comerciales cuya finalidad sea dar dinero a las personas. Esta es la principal demarcación por la que comienzo.

¿Cómo sería posible que no haya mercados laborales? Significaría que no puedo vender mi trabajo a nadie y, al mismo tiempo, nadie tiene derecho a emplearme si no trabaja a mi lado. La única forma de lograrlo sería tener un sistema en el que, así como no se contempla nunca tener un mercado de votos en una democracia –sería absurdo–, debemos llegar a la conclusión de que no debe haber mercados para las acciones, porque las acciones son votos: los accionistas votan en las asambleas generales de las juntas de accionistas para decidir cómo se dirige la empresa.

Entonces, ¿por qué no considerar la situación de un sindicalismo corporativo? Inventé esa palabra a partir del anarcosindicalismo de las experiencias de los años 30 en Catalunya, España, donde tenías un miembro, una acción, un voto. Entonces, te contrata un grupo de personas que ha financiado una empresa, y al hacerlo, obtenés una acción de la misma. Eso es todo, no las puedes comerciar, es como una tarjeta de biblioteca o una tarjeta de votación: podés usarla, pero no podés cambiarla.

Cuando empezás a pensar en esos términos, todo se transforma, porque tenés corporaciones dirigidas democráticamente, lo que no significa que busquen la igualdad dentro de la corporación, porque alguien puede ser mucho más productivo. Digamos que cinco de nosotros creamos una empresa de software y tenemos un diseñador brillante, le vamos a pagar más a esta persona, pero todos estaríamos de acuerdo en pagarle un diferencial, ya que nos gustaría retenerla –de lo contrario la perderemos–, pero todos decidimos juntos. Entonces hay un salario mínimo para todos y hay una asamblea donde todos, desde la secretaria hasta los choferes y el ingeniero de software tienen el mismo voto, de la misma manera que en una democracia tenemos el mismo voto, aunque no todos sean primer ministro, presidente o ministro.

Habiendo democratizado las corporaciones, democraticemos las finanzas mundiales. Imaginate una situación en la que Argentina, Gran Bretaña, Alemania y China comercian entre ellos: los alemanes quieren enviar dinero a China, algunos argentinos quieren comprar cosas de Alemania o hay alemanes que quieren enviar dinero a Argentina para comprar una casa o hacer un negocio. Ahora, todos queremos que esto sea gratis, no queremos que esté restringido de ninguna manera. Pero supongamos que Argentina tiene su propia moneda, y también Alemania y China, y asumamos que están de acuerdo en que hay una unidad monetaria común llamada Kosmos –el mundo– en el que se denominan todos los flujos de capital comercializados.

Entonces, cuando un auto va de Alemania a Argentina hay una cuenta, un banco central común que yo llamo el “Proyecto Monetario Internacional” (PMI), por el cual la transferencia del auto va de Alemania a Argentina y el dinero va de Argentina a Alemania, y esto se denomina en Kosmos. El tipo de cambio entre el peso argentino y el euro es de libre flotación, pero esta suma de dinero se ha registrado en esta cuenta IMP en Kosmos.

Y digamos que siempre, al final de un año o período, miramos los desequilibrios. Entonces, si un país tiene un déficit en el comercio, se grava una pequeña cantidad de Kosmos y este impuesto se ingresa en una cuenta. Si hay un aumento de dinero que vuela de China a Argentina en inversión, o si se cobra un gasto en Uber –para quien reserva un taxi– nuevamente se grava una suma de dinero. Así que gravamos los superávits comerciales, los déficits comerciales y el dinero en movimiento rápido, y ese impuesto ingresa en el Kosmos, la moneda del mundo, en una cuenta, y a medida que se acumula va a los países en desarrollo en forma de inversión verde, creando trabajos para producir energía verde limpia.

Retomando el concepto de uno de tus libros anteriores, Adults in the room (2), Argentina enfrenta nuevamente negociaciones con el FMI, en un contexto agravado por la pandemia donde casi el 50% de la población vive en la pobreza. ¿Cómo ocuparse de los “adultos en la habitación”?

Sabés, hay una palabra muy poderosa en todos los idiomas y se llama «No». Simplemente les decís que no y estás preparado para negociar y comprometerte, siempre que no termines comprometido. La única forma de no terminar comprometido es si tu ministro de Finanzas, quien realmente lleva a cabo las negociaciones, está dispuesto a decir en un momento: “¿Saben qué? Si insisten en expropiar a nuestro pueblo, en introducir la austeridad o la privatización para apropiarse de las joyas de la abuela y huir con ellas, entonces les diremos que no; y no me importa, no les devolveré nada, lo cancelaré todo”. Y ellos lo entienden.

Habrá un precio a pagar: Argentina ya pagó ese precio cuando defaultearon en 2002, pero funcionó, y funcionó de manera brillante: salieron de la crisis. El problema fue que en algún momento otros errores cometidos por el gobierno condujeron al retorno de la derecha, a Macri, que trajo de vuelta al FMI.

Espero y confío en que Guzmán sabe lo que hace y sabe lo que tiene que hacer. Espero que siga persistiendo en poner el interés nacional y el interés de la mayoría por encima del interés de la oligarquía, y espero que obtenga el apoyo que necesita del presidente, porque eso fue lo que yo no tuve: hubiéramos ganado, estábamos muy cerca de ganar, pero desafortunadamente mi primer ministro sacó la alfombra de abajo de mis pies, y como ministro de Finanzas no hay nada que uno pueda hacer si no tiene el apoyo de la dirigencia.

Podés derrotar al FMI, podés derrotar a la oligarquía, pero lo que no podés hacer es continuar avanzando hasta que tu primer ministro o presidente te apoye.

Hace unas semanas los tribunales griegos condenaron a los líderes del partido nazi Amanecer Dorado (3), pero en otros lugares la derecha alternativa y de extrema derecha sigue desbocada, con un discurso anti-establishment similar al utilizado históricamente por la izquierda. ¿Cómo ves el papel de la Unión Europea y el de los Estados nacionales para contrarrestar la xenofobia y la difusión de fake news en países como España, Portugal y Polonia?

El auge de la xenofobia es clave para la política de la Unión Europea: no es que los griegos se volvieron repentinamente partidarios del nazismo cuando en 2012 una porción importante comenzó a apoyar a Amanecer Dorado; los nazis de Amanecer Dorado no eran tolerados en lo más mínimo antes del 2012. Lo que sucedió fue que, al igual que en los años veinte y treinta en la Alemania nazi –pero también en España, Italia, Bulgaria y así sucesivamente– una gran humillación, una gran crisis financiera y una gran austeridad para muchos –con un régimen que solo cuidó a las minorías– provocaron mucha ira, y esa ira engendra nazis. El dolor, el descontento, la desesperanza, la humillación facilitan que los fascistas se levanten y digan “¡Dame el poder y te haré sentir orgulloso de nuevo!”.

Esto es lo que sucedió, y en 2015, cuando estaba en el Ministerio, le decía a personas como el Ministro de Finanzas alemán y otros “si continúan imponiendo austeridad a nuestra gente van a criar el monstruo del nazismo”. Y esto es exactamente lo que hicieron, en la medida en que los nazis entraron en el Parlamento alemán, casi se llevaron al presidente de Francia. Salvini es el líder político más fuerte de Italia, apoyado incluso por la Fratelli, donde son más nazis que él… Vox está aumentando en España: esta es la amarga cosecha de la austeridad impuesta por la Unión Europea.

La Internacional Progresista (4) ha crecido de manera sostenida desde su creación en 2018, expandiendo una red de defensa de la justicia social en todo el mundo. De cara a las elecciones estadounidenses, ¿qué esperas de Biden luego de haber apoyado a Bernie Sanders? ¿Podría ayudar a impulsar un Green New Deal para Estados Unidos y el mundo? ¿Cuál sería el impacto en la economía global si Trump permanece en el poder?

Bueno, no contengamos la respiración con respecto a Biden: nada bueno vendrá de Biden, excepto que no es Trump. Pero no va a introducir un Green New Deal, está completamente en el bolsillo de Wall Street y la oligarquía en Estados Unidos. Fue utilizado para evitar que Bernie Sanders entrara en la Casa Blanca e hiciera mella en el control de la oligarquía sobre el pueblo de Estados Unidos y el cambio climático.

Biden va a ser mucho mejor para Estados Unidos, para la mayoría de los estadounidenses, porque no es un fascista, es solo un oligarca. Los oligarcas son horribles, pero son mejores que los fascistas.

Pero no estoy seguro de que Biden sea grandioso para el resto del mundo, porque lo único bueno que tuvo Trump fue que realmente no quería comenzar una nueva guerra, y no comenzó una nueva guerra. Retiró tropas de Afganistán, Irak y Siria, no entró en Libia cuando pudo. Por cierto, fijate que los neoconservadores que apoyaron la guerra de Irak e Irán ahora apoyan a Biden.

Seamos realistas: cuando Bernie Sanders fue socavado, perdimos, los progresistas perdimos. Lo único que podemos esperar es la desaparición de Trump, porque siempre debemos tener como prioridad número uno la remoción de los fascistas del poder. Pero eso no significa que el mundo necesariamente se convertirá en un lugar mejor gracias a Biden.

En Another Now planteás la pregunta de que una vez que hayamos concebido un socialismo viable, la izquierda debe decidir hasta dónde está dispuesta a llegar para lograrlo. El movimiento paneuropeo DiEM25 (5) y tu partido MeRA25 (6) en Grecia comparten la misma visión. Nos acercamos al 2025, ¿cómo creés que serán los próximos cuatro años?

No me permito hacer ningún pronóstico, porque si me ponés un arma en la cabeza y me pedís que pronostique cosas probablemente me derrumbe de la tristeza. No creo que los progresistas tengamos derecho a predecir, no somos científicos. Sí los expertos en cambio climático, ellos tienen la obligación de predecir, pero los ayuda el hecho de que a la naturaleza, cuyos fenómenos están estudiando, no le interesa lo que pensamos los humanos.

De modo que la naturaleza es un evaluador objetivo de nuestros miedos y nuestras predicciones. Pero cuando se trata de política, de cómo cambiamos Europa –o Argentina o el mundo– somos los actores; cada uno de nosotros tiene la responsabilidad moral, política y ética de actuar. No creo que tengamos derecho a sentarnos como fanáticos de deportes y mirar y predecir: tenemos que actuar y estamos actuando; simplemente hacés lo que es correcto, lo que no podés dejar de hacer, y luego dejás que la historia transpire.

Digamos que existe un posible escenario de llamado a elecciones en Grecia antes de 2025 y de alguna manera las fuerzas progresistas del país logran reemplazar a la centroderecha que actualmente está en el cargo. ¿Cómo ves a Grecia reiniciarse después de la experiencia de 2015 si el progresismo volviera al poder?

Exactamente de la misma manera que Argentina debe negociar su deuda, debemos negociar nuestra deuda, sino seguiremos siendo una colonia de deudas, que es lo que somos. Y la cuestión de los refugiados también me parece central: en este momento la Unión Europea está tratando a Grecia como un campo de prisioneros. Un “campo de deuda” para los griegos, y un verdadero campo de prisioneros para los refugiados que están atrapados en Moria, en Lesbos, y en varios otros campos de concentración espantosos, porque Europa no está interesada en ser una “Unión” Europea.

La Unión Europea está erigiendo fronteras dentro de Europa, los refugiados no pueden viajar de la isla de Lesbos al continente, no pueden ir del continente a Alemania o a Francia. Esto no es una unión, es un chiste. Tenemos fronteras y campos de prisioneros en todas partes, así que lo que haría es exactamente lo mismo que traté de hacer en 2015: ¡vetarlos hasta más no poder!

A menos que estas dos cosas cambien –que nuestros países dejen de ser prisiones de deuda y empiecen a tratar a los refugiados en Europa con humanidad y a compartir la carga de cuidarlos– voy a vetar todo, y lo único bueno que te permite la Unión Europea, como el gobierno de cualquier país, es el poder de veto. Ya es hora de que lo usemos.

Cuando decís que las potencias progresistas de Grecia se están uniendo en una coalición, no estoy seguro de a quién te estarías refiriendo. Los anteriores, con los que estuve en el gobierno, ciertamente no son progresistas, y después de mi renuncia Tsipras y Syriza fueron el peor gobierno posible. Pretendiendo ser un partido de izquierda, introdujeron el peor tipo de austeridad de derecha, equivalente a lo que estaba haciendo Pinochet en Chile. Por lo tanto, me temo que nunca, en el jamás de los jamases, volveremos a encamarnos con ellos en una alianza.

Fuimos creados para dar la batalla contra todas esas fuerzas, ya sean de derecha o de izquierda, todas esas fuerzas que están trabajando para la oligarquía y cuyas políticas son básicamente antihumanas.

Me gusta ver que estás comprometido con tu postura, pero permitime tener esperanzas de que puedan surgir nuevas fuerzas progresistas de alguna manera…

Bueno, MeRA25 es una nueva fuerza progresista, cualquiera puede unirse a nosotros. Pero Syriza es parte del sistema, parte del problema, al igual que Biden es parte del problema, el establishment de la peor manera posible… Prefiero un derechista que hace cosas terribles a un izquierdista que hace cosas terribles.

Sí, supongo que eso es más fácil de confrontar de cierta manera.

En efecto.

fuente: eldiplo.org

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