En Mendoza, compiten la UCR y el macrismo en las PASO, y en Jujuy, Morales va por la reelección. El PJ juega tres territorios. En Tucumán, dura pelea entre Manzur y Alperovich y en Chubut, entre un federal y un K. En Entre Ríos, Bordet marcha cómodo.

Nueva entrega de la larga sucesión de adelantos electorales: este domingo se vota en tres provincias en manos del PJ (Tucumán, Entre Ríos y Chubut) y dos gobernadas por radicales (Mendoza y Jujuy). Con más condimentos que los capítulos previos, cada uno de los comicios dejará material de lectura política para las internas grandes, casi en las vísperas de la anotación de frentes nacionales y a trece días de la inscripción de candidatos. Habrá mensajes para la UCR y el macrismo, enfrascados en su reacomodamiento de espacios, y también para el peronismo, en el juego de jefes territoriales y kirchneristas.

El oficialismo nacional recién ahora puso en juego tres de sus distritos. En rigor, lo hacen los socios radicales, porque a la salida del verano había quedado clausurada la idea de un adelantamiento para la batalla de María Eugenia Vidal y el mismo camino hacia agosto y octubre transita Horacio Rodríguez Larreta. El proyecto de la triple reelección –es decir, las propias y la de Mauricio Macri-, aunque con más incertidumbre que épica y con discusión doméstica sobre la fórmula nacional.

Ese último punto y el de la ampliación del frente –primero conceptualmente y, aceptado el criterio, en cuanto a su amplitud y los tiempos- son precisamente temas centrales en la relación de macristas y radicales. Los tres referentes provinciales tienen voz y voto en esas tratativas. El correntino Gustavo Valdés exhibió un triunfo potente en las legislativas de su provincia, hace una semana. El mendocino Alfredo Cornejo se expone este domingo –sin chances de competir como candidato- en las PASO locales, donde se enfrentan radicales y macristas. Y Gerardo Morales va por la reelección en Jujuy, en sociedad ratificada con su vice peronista.

Los tres tienen posición tomada en la interna mayor del oficialismo. Los tres, con matices, son partidarios de una apertura de Cambiemos y de consolidar esa experiencia como una coalición de gobierno si las urnas acompañan, incluso abriendo el juego a otros sectores. Hay también diferencias. En trazo grueso, Valdés destaca el lugar de Macri, Cornejo asoma como el más áspero y crítico. Y Morales luce siempre mayor pragmatismo en materia de alianzas, tal como lo expone su experiencia para ganar en 2015 y su apuesta a un nuevo turno como gobernador.

El peronismo también pondrá sobre la mesa peleas internas, en algunos casos con mensaje nacional. Solo el entrerriano Gustavo Bordet va a una elección que podría definirse como tradicional: enfrenta a un radical, Atilio Benedetti. Todo indica que ganará con mucha comodidad, como ocurrió en las PASO, con más del 50 por ciento de los votos y veinte puntos por encima del representante de Cambiemos. Su alineamiento nacional, luego de alejarse del PJ federal, va encaminado al respaldo de la fórmula que definió Cristina Fernández de Kirchner y que colocó como número uno a Alberto Fernández.

Bordet logró alinear detrás de su propio proyecto reeleccionista al kirchnerismo local. Ahora, una vez coronado su juego, se verá cómo termina de concretarse la devolución en las listas nacionales, diputados y también senadores. Muy diferente es el cuadro interno en Tucumán y en Chubut. En el primer caso, el enfrentamiento es entre candidatos que se definen a su manera como alineados con la ex presidente. El ruido que llega desde el sur es otro: una competencia brava y con antecedente de diferencias apretadas entre un peronista más bien federal y otro, kirchnerista duro. Algo similar ocurre en Mendoza, donde de todos modos viene dominando Cambiemos.

Tucumán viene exhibiendo una película bastante original. Juan Manzur va por su reelección, según las encuestas con margen a favor pero sin nada que le sobre. Luego de planteos de unidad y cierta renovación del PJ, tomó distancia de los integrantes de Alternativa Federal. Siempre mantuvo reservas sobre Juan Manuel Urtubey y una evaluación más ácida sobre Juan Schiaretti.

De todos modos, otros dos factores volcaron su juego. Uno: el principal rival, finalmente irreductible, terminó siendo su predecesor en el cargo, José Alperovich. El ex gobernador se mostró con la ex presidente y encaró una campaña que podría ser definida como “cristinista”. Y se afirmó así en la carrera. Dos: eso y la imagen fuerte y creciente de CFK en su provincia precipitaron su decisión de plantarse como kirchnerista y negociar con los referentes de La Cámpora la confluencia en la provincia. Alperovich se mantuvo firme, a pesar de todo. Es un interrogante la diferencia porcentual que darán las urnas. Y cuánto podrá aprovechar entre esas dos aguas la candidata de Cambiemos, Silvia Elías de Pérez.

La disputa en Chubut es, términos del peronismo, más clara. En las recientes PASO, el gobernador Mariano Arcioni logró ser el candidato más votado (31,8 por ciento). Arcioni quedó como sucesor del fallecido Mario Das Neves, al frente de una alianza con sello peronista y suma de algunas grupos provinciales, nacida en muy áspera disputa con el kirchnerismo. El PJ con dominio K le de batalla para frenar la reelección: con tres postulantes, sumó algo más de un punto que Arcioni en las primarias y consagró como candidato a Carlos Linares, kirchnerista duro.

El interrogante es que agregará o perderá cada uno en este turno, el definitivo. Arcioni podría sumar algo de la franja de votantes del peronismo moderado, que buscó expresó Gustavo Mac Karthy, derrotado en las PASO. Linares puso de entrada el esfuerzo en asegurarse todo el voto PJ de las primarias, y arañar algo del voto opositor local no peronista. Pero el otro interrogante es si el tercero en la pelea, el diputado radical Gustavo Menna, retiene el 14 por ciento sumado en el turno anterior o si una parte emigra para evitar un triunfo kirchnerista, como en Río Negro y Neuquén.

Mendoza, como se ha dicho, quizá exponga el cuadro más vistoso, por la competencia en el oficialismo local y nacional, y en el peronismo. Cornejo, con perfil que buscó diferenciar de Macri, respalda al intendente de la ciudad capital y correligionario, Rodolfo Suárez. A pesar de algunos esfuerzos, abandonados de manera para algunos sugestiva, lo enfrentará el macrista Omar De Marchi, intendente de otra localidad de peso, Luján de Cuyo. De todos modos, el último gesto de campaña fue un abrazo de los dos, muy difundido por su equipos de campaña.

Las encuestas difundidas en los últimos días hablan de un triunfo de Suárez y de una ventaja consolidada de Cambiemos sobre el peronismo local, que también definirá su interna en las PASO. Un referente más bien de perfil tradicional, el intendente Alejandro Bermejo, de Maipú, se enfrenta con una kirchnerista pura, la senadora Anabel Fernández Sagasti. La pelea tiene ese atractivo, aún dando por buenos todos los pronósticos adversos.

La división del peronismo es un fenómeno más amplio y profundo en Jujuy: no se resuelve en internas. La elección general le otorga esa ventaja a Morales, que espera conservar la gobernación junto a su vice, el peronista Carlos Haquim. Es probable, dicen en el oficialismo en bases a algunos sondeos, que los números generales sean menos impactantes que los de 2015, cuando superó el 50 por ciento, aunque la distancia con el segundo sería tranquilizadora para el oficialismo.

Morales estaría el martes próximo en Buenos Aires para un encuentro con el macrismo. También, Cornejo. Si las cosas van como esperan este domingo, se sentirían más cómodos para avanzar frente a un almanaque nacional que no deja ya mucho espacio.

fuente; Eduardo Aulicino – Infobae