Es el único país de América latina que tiene menos del 10 por ciento de pobres y la indigencia es casi nula. Las causas serían el crecimiento sostenido, baja inflación, mejora del salario real y políticas de redistribución.

Mientras en Argentina el objetivo de “pobreza cero” aún está lejos de cumplirse, del otro lado del Río de la Plata, Uruguay está dando pasos firmes en ese camino y ya logró la “indigencia cero”. El país vecino pasó de un nivel del 31 por ciento en 2003 a menos del 10 por ciento una década después y continuó hasta el 9,4 por ciento en 2016.

Ahora, una vez que logró tener sólo un dígito de pobreza y se convirtió en la única nación de Latinoamérica en mostrar este resultado, está dando un paso más allá. Reducir aún más estos niveles es más difícil porque se choca con una situación estructural que requiere políticas de inclusión y ataque a la desigualdad.

¿Qué sucedió para que Uruguay se despegara del resto de los países de la región? Los factores que explican esta trayectoria son varios, pero hay uno que se destaca: la constancia. Cuando se miran los gráficos de las variables económicas uruguayas, se ven líneas constantes, sin movimientos “serrucho” de subas y bajas. La volatilidad y las grandes crisis, tan comunes en la historia económica argentina y de toda Latinoamérica están ausentes en el vecino.

Una senda ascendente

Uruguay informó que, en 2017, su producto interno bruto (PIB) creció 2,7 por ciento y conformó, así, 15 años de crecimiento ininterrumpido.
Desde la crisis de 2002 (derivada del fin de la convertibilidad en Argentina), el país oriental mostró una mejora constante en todos los indicadores que se miren: actividad, inflación, empleo, salario real, pobreza, entre los más destacados. Salvo la desocupación, que se agravó en los últimos años, el resto de estas variables mostró buenos números en todos los años, casi sin excepción, lo cual contrasta con el empeoramiento argentino y de Brasil, sobre todo desde 2011.

“Desde 2004, la economía uruguaya se ha caracterizado por exhibir un sostenido y marcado crecimiento económico. Esto también se reflejó en el PIB a paridad de poder adquisitivo (PPA) per capita. Este indicador de medida de bienestar creció un 107 por ciento entre 2004 y 2016, mientras que en Argentina lo hizo en un 60 por ciento”, explica Florencia Constantino, economista del Instituto de Investigaciones Económicas (IIE) de la Bolsa de Comercio de Córdoba.

En materia inflacionaria, Uruguay tuvo tasas anuales inferiores al 10 por ciento desde 1998, con la única excepción de 2002. Esto, combinado con un incremento de la ocupación laboral, generó mejoras en el poder adquisitivo de la población: la serie desde 2004 hasta 2017 muestra aumentos del salario real todos los años.

Además del descenso de la pobreza, también bajó la desigualdad en la distribución del ingreso. “Esto se evidencia al observar una marcada reducción en el coeficiente de Gini que pasó de 0,46 en 2006 a 0,38 en 2016”, subraya Constantino.

Tirar para el mismo lado

Andrea Vigorito, investigadora del Instituto de Economía de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de la República (Uruguay), señala que sobre la baja de la pobreza “influyó el gran crecimiento económico, unido con el empleo, la fuerte revalorización de los salarios mínimos y la expansión significativa del sistema de transferencias no contributivas”, y agrega que “sobre sectores bajos y medios impactó la negociación salarial colectiva tripartita que se retomó en 2007”.

La economista manifiesta que, sobre la desigualdad, a las razones anteriores se les sumó la suba de la tasa del Impuesto a la Renta (equivalente a Ganancias).

De todos modos, Vigorito advierte de que hay mejoras muy importantes en la pobreza de ingresos, pero cuando se analiza la pobreza estructural y multidimensional (salud, educación, condiciones de vida, entre otros) los resultados son mucho más modestos. Para atacar este núcleo duro se requieren medidas de política más focalizadas en cada una de las dimensiones (ver Políticas focalizadas…).

En su análisis de la situación social de la región, la Comisión para el Desarrollo Económico de América Latina y el Caribe (Cepal) no sólo destaca el desempeño uruguayo, sino también las diferentes causas en la reducción de la pobreza.

En el período que va de 2002 a 2008, hubo una drástica mejora debido al crecimiento económico y al aumento del ingreso promedio de las personas en casi todos los países latinoamericanos.

En cambio, entre 2008 y 2016 pasó a tener relevancia la redistribución del ingreso (medidas como las jubilaciones y la asignación universal en Argentina) en la disminución mucho más modesta de la pobreza. Por el contrario, en Uruguay, el efecto redistributivo fue más relevante en el primer período, ya que las transferencias a sectores vulnerables se implementaron antes de 2008.

Jorge Vasconcelos, economista del Ieral de la Fundación Mediterránea, sostiene que hay tres factores que explican la reducción de la pobreza en Uruguay y la diferencia con Argentina, cuando hace 30 años, ambos estaban en niveles superiores al 25 por ciento.

El primero, que los datos son algo mejores en el país oriental. En segundo lugar, la ciclicidad argentina (grandes caídas y recuperaciones) frente a la no volatilidad uruguaya. “Esto es tremendamente importante porque una crisis deja a mucha gente bajo la línea de pobreza y luego es difícil recuperar el nivel anterior, además, muchos años en esa situación deterioran el capital humano”, subraya.

Y, en tercer término, explica que en Uruguay las instituciones funcionan mucho mejor. Cita como ejemplo, que en medio de la corrida bancaria de 2002 (que afectó a ambos países) el Gobierno uruguayo (en ese momento, era presidente Jorge Batlle, del Partido Colorado) y la oposición (el Frente Amplio) se movieron en un solo sentido para conseguir un crédito puente que les permitió superar la crisis.

El propio Banco Mundial destaca el caso uruguayo en este aspecto y, desde 2005, ya con el Frente Amplio en el poder asistió con diferentes iniciativas para, según el organismo, ayudar “en los esfuerzos exitosos de Uruguay para consolidar la recuperación económica y social después de la crisis de 2001/02”.

El BM renovó su asistencia y muestra a Uruguay como caso de éxito y resalta que el Gobierno “ejecutó cambios estructurales y políticas de estabilización en el corto plazo para reducir la vulnerabilidad del país a las crisis externas”. Esto incluyó desde programas de emergencia social hasta una diversificación de las exportaciones y varias reformas económicas para dotar de mayor competitividad al país.

fuente: Paula Martínez – lavoz.com.ar