El 28 de junio se celebra el Día Mundial del Árbol, porque los árboles son extremadamente importantes para todo ser vivo de nuestro planeta. Este día se celebra desde 1969, cuando se decidió, durante un Congreso Forestal Mundial celebrado en Roma, que había que tener una fecha para recordar todo lo que significan para la vida.

Para aclarar porqué son tan importantes, basta decir que lo son tanto como respirar lo es para nosotros. Justamente porque el oxígeno que necesitamos para vivir casi todos los seres vivos de la tierra, lo procesan los árboles durante la fotosíntesis. Ellos toman el dióxido de carbono de la atmósfera (CO2) y lo descomponen, liberando el oxígeno (O2).

No sólo nos liberan el oxígeno, sino que se llevan el dióxido de carbono que generan industrias y tecnologías, y que ha llevado al planeta a un estado de efecto invernadero que degeneró en un Calentamiento Global.

Pero no sólo son importantes por el oxígeno. Cuando los árboles son muchos y forman un bosque son generadores de vida. Dentro de esos bosques se genera lo que conocemos como biodiversidad, o sea una variedad increíble de seres vivos. Eso no ocurre de la noche a la mañana, sino que es un proceso que lleva millones de años, en los cuales la evolución separa a las especies y cada una adapta y explota una parte diferente de ese mini universo de vida que es un bosque.

Y el árbol ha sido importante para nosotros los humanos a lo largo de toda nuestra historia, ya sea por protección frente al frío, el viento, la lluvia, o por su madera, como recurso natural. No en vano los árboles han jugado un papel tan importante en casi todas las religiones y mitologías del mundo.

¿Qué es un árbol?

Se le llama árbol a los vegetales que tienen tallo leñoso y que comienzan a ramificarse a una cierta altura del suelo. Los que tienen sus ramas desde el suelo mismo, son los arbustos que, a pesar de ser también leñosos, no lo son tanto. Hay árboles que llegan a los 5000 años de antigüedad como los Pinos bristlecone. Están los que llegan a más de 100 metros de altura como los eucaliptos, o extremadamente gruesos como los Ahuehuete, los más inmensos como los baobabs.

No nos olvidemos de lo importantes que son los árboles. Para corroborarlo, vean que allí donde se instala un árbol, crece vida a su alrededor.

Los árboles: símbolos que relacionamos con naturaleza, equilibrio y ecología.  Estos gigantes compañeros han estado a nuestro lado desde el principio de los tiempos, aportándonos sombra, casa, alimento, oxígeno y comida.

Mediante la fotosíntesis, los árboles nos brindan oxígeno a la vez que eliminan el dióxido de carbono (gracias a este proceso tenemos un aire más limpio), su sola presencia protege al suelo de la erosión, actúa de pantalla contra el viento  y regula el clima.
Árboles para cuidar.

Árboles para cuidar.

Por esto, y por muchísimo más el día 28 de junio se conmemora el Día Mundial del Árbol, el cual fue instaurado por el Congreso Forestal Mundial en el año 1969; un día que no es más que una excusa para recordar lo imprescindibles que son estos seres vivos en nuestra vida y en la vida del planeta.

Los árboles resultan absolutamente esenciales para la vida de nuestro planeta: purifican el ambiente al oxigenar el aire, proporcionan sombra, mejoran sectores erosionados, humedecen el ambiente, reducen el ruido, son capaces de temperar el lugar donde se encuentran, ya que provocan sensación de frescura y humedad, incluso deteniendo las heladas con su follaje; producen alimentos y múltiples recursos, además de ser el hogar de muchos pájaros.

Los árboles están junto al ser humano desde el principio de nuestra historia, por lo que sus beneficios son conocidos y aprovechados desde hace miles de años, aunque no por eso, olvidados también.

El Día del Árbol puede ser la excusa para reflexionar cómo la vida moderna nos ha llevado a olvidarnos de que sólo somos parte de un ecosistema mayor, a recuperar esa unión sagrada con todos los seres de la naturaleza y a tener una conducta más respetuosa con nuestro entorno.

Reflexionar cómo cada uno de nosotros puede ayudar a este cambio: los profesores, como agentes multiplicadores, pueden educar sobre las funciones e importancia de los bosques, la importancia de su protección y conservación, e incorporar en los currículos la educación ambiental; las organizaciones ambientalistas, a través de la educación no formal, pueden generar tomas de conciencia en torno a los problemas locales y globales de los bosques, y del deterioro del medio ambiente; los gobiernos deben generar políticas de desarrollo sustentable para la explotación de los bosques nativos, fomentar la producción a largo plazo y de bajo impacto ambiental, y promover el desarrollo de actividades alternativas como ecoturismo, artesanía, recolección de plantas medicinales, evitando proyectos con impacto irreversible en los bosques.

Las amenazas: deforestación, plagas e incendios

La tala insdiscriminada, un problema grave.

La superficie forestal mundial es algo más de 4.000 millones de hectáreas, el 31% de la superficie terrestre total. En la 1ª década del s.XXI se perdieron 13 millones de hectáreas de bosque en 233 países por causas naturales o provocadas: una pérdida anual equivalente a la superficie de Costa Rica, siendo las zonas más afectadas Brasil e Indonesia.

Son datos más alentadores que los de la última década del s.XX, pues indican cierta recuperación de superficie boscosa, una gran noticia de convertirse en una tendencia estable.

Pautas correctas para plantar y cuidar un árbol

Los árboles de porte mediano (fresno, Jacarandá, hovenia, lapacho, catalpa se plantarán con una separación entre plantas no inferior a los siete metros, si se los planta más cerca uno de otros, competirán entre ellos por el sol y se harán demasiado altos y delgados.

Los de porte pequeño y los arbustos (pito canuto, crespón, guarán, falsa caoba, besos) se plantarán con una separación entre plantas no inferior a los cuatro metros.

No se deben plantar a menos de siete a 10 metros de un árbol importante ya existe, porque si no, el nuevo arbolito quedará a la sombra y crecerá mal.

Los hoyos de plantación serán de 50 x 50 x 50. Cuanto más espacio verde (sin vereda de material) tenga alrededor, mejor será para él. Para evitar futuros problemas de rotura de veredas se debe respetar la línea de plantación de árboles existentes.

Los árboles de raíz desnuda deberán ser plantados sin demora, o bien se protegerán sus raíces con material que conserve la humedad (tierra, arena, etc.).

A los árboles envasados se los dejará un día sin regar (para que el pan de tierra no se desarme cuando se plante) y para la plantación se cortará y sacará el recipiente.

Se colocará el tutor (un palo o algo similar firmemente colocado) previo a la plantación para sujetar el árbol. La atadura se efectuará con hilo sisal o de algodón sin apretar demasiado y el tutor debería quedar a ¾ de la altura del árbol.

Se agregará en el fondo del hoyo tierra de buena calidad. Se colocará el árbol de tal manera que coincida su cuelo (punto de unión entre las raíces y el tallo) con la superficie del terreno y se formará una taza con tierra alrededor del árbol para aprovechar al máximo el agua de riego.

Se efectuarán riegos al menos dos veces por semana. En época calurosa (primavera, verano) la frecuencia será mayor, si es necesario diariamente.

Durante los primeros años de vida se deberá realizar: control de hormigas, carpidas, verificación del tutor y de las ataduras (que no ahorquen el árbol), poda de las ramas bajas y quebradas.

No se recomienda cortar con bordeadora el césped alrededor del ejemplar, porque el descortezado que le provoca deriva en debilitamiento y hasta la muerte del árbol (se puede colocar protección al tronco un trozo de caño cortado longitudinalmente o una botella descartable cortada).